Cuando una mascota es parte de la vida del hogar, se puede sacar el mejor provecho para enseñarle a los niños sobre valores sociales fundamentales como el cuidado y respeto a los animales, la responsabilidad, el deber de enseñarle cosas y sobre todo a disfrutar de una «amistad» pura y sin prejuicios.

A veces puede ser difícil elegir qué mascota es la más apropiada (un pez?, un perro?, un gato?, un conejo?, una colonia de hormigas?), sin embargo este post trata de otro tema aún más difícil y es ¿Cómo ayudar a que tu hijo afronte la pérdida de su mascota a una temprana edad?.

Lo que no hay que hacer:

De nada va a servir que los padres le mientan, diciéndole que por ejemplo está en vacaciones, ya que el niño va a conceptualizar esas situaciones con sus propias vivencias y siguiendo el ejemplo de las vacaciones, va a esperar que la mascota vuelva y, cuando no lo haga, van a volver las preguntas. Tampoco va a servir de nada que se le generen al niño distracciones con juguetes, comida o inclusive otro animalito, ya que no estará asumiendo plenamente la situación generando finalmente más inquietudes y una percepción errónea de cómo afrontar las situaciones difíciles.

Lo que sí se debe hacer:

Lo primero es reconocer sinceramente que ha sido una pérdida familiar y por lo tanto, va a ser normal que el niño tenga sentimientos de vacío y cambios a su alrededor que le van a generar dudas que deben ser respondidas con sinceridad. Si bien hay que comprender el nivel de madurez del niño, y escoger de esta forma las palabras y la forma de decirle lo que ha ocurrido, esta puede ser una experiencia valiosa para que el niño tenga un contacto con un fenómeno tan natural como la muerte y a afrontar los sentimientos que le genera la pérdida.

Para esto, cada familia puede recurrir a sus propias creencias familiares para dar explicación a la pregunta más probable «¿Dónde está?». Sin importar cuál sea esa creencia, la respuesta va a ser sincera y consistente sin importar cuántas veces o de qué forma el niño pregunte.

Es probable que si el niño asumió bien la pérdida, no sólo pueda igualmente explicarle con sus propias palabras a sus amigos lo ocurrido, sino que en unas semanas estará recuperado emocionalmente para poder pensar en una nueva mascota.